Las relaciones amorosas de las nuevas generaciones

Las relaciones amorosas de las nuevas generaciones

María Beatriz Pereira Reis, psicóloga de adultos del ISEP Clínic Barcelona, explica cómo funciona cada tipo de relación y cuáles son las ventajas y desventajas que estas traen para los involucrados.

 

Juntos en la cama

Según Pereira, las relaciones del tipo ‘juntos el fin de semana’ funcionan bajo el concepto de ‘luna de miel’ y suelen estar compuestas por adultos entre 25 y 35 años que, al encontrarse en pleno desarrollo de su carrera profesional no cuentan con el tiempo para participar en el día a día de una relación.

«Muchas veces deben viajar continuamente o estar durante algún tiempo en lugares diferentes a los de su pareja, con lo cual, acuerdan verse el fin de semana como recompensa por estar toda la semana separados», indica.

 

Puntos fuertes:

– En estas parejas se alarga la fase del enamoramiento, ya que la ausencia de la otra persona permite que, al volver a verla, se perciba su presencia como si fuera la primera vez.

– Al disponer de tan poco tiempo para compartir, sus  miembros se centran en reforzar los aspectos positivos de la relación minimizando las diferencias que puedan existir entre ellos.

 

Puntos débiles:

– Sus miembros se pueden volver celosos, inseguros y muchas veces hasta egoístas con su espacio individual.

–  Aumenta las probabilidades de infidelidad a causa de la distancia física, lo que dificulta la posibilidad de compromiso y avance en la relación.

 

Amigos con derecho al roce

Según la psicóloga, los también llamados ‘amigovios’, son una relación amorosa y erótica en la que se niega el encuadre matrimonial. Estas parejas se limitan entonces a mantener relaciones sexuales dentro de un vínculo de menor compromiso que un noviazgo.

Esta clase de parejas entran en una categoría especial: no son novios ni amantes y no existe la posibilidad de un futuro amoroso. Son parte entonces, de una comunión en la que todo vale excepto enamorarse. En esta relación «la tendencia monogámica esta negada y el engaño entre ellos puede tener un sabor y sentido particular.

Algunas características de los ‘amigovios’ también llamados ADR, son:

– La relación tiene comienzo y terminación, aunque esta puede ser renovable.

– No tiene cotidianeidad como en el vínculo matrimonial, ni tampoco proyectos vitales futuros.

– Crean la ilusión de un placer permanente sin un encuadre estable.

Sin embargo, para Pereira los ADR, no deben ser cuidadosos, ya que antes que nada, sin amigos, y deben corresponder a las necesidades que dicha amistad conlleva. Como todo vínculo, debe haber respeto mutuo y honestidad para decirle al otro que la relación ha finalizado porque bien sea porque ha encontrado a alguien especial, o ya hay sentimientos más profundos involucrados.

 

Cada uno en su casa

Este tipo de pareja es frecuente encontrarla entre personas que superan los 40 años de edad. Se trata de personas que por lo general ya estuvieron casados, tienen hijos y eligen compartir la vida con el otro, pero sin el desgaste que genera la convivencia. Aun así son monógamos u poseen un vínculo estable y duradero.

«Comparten noches, días, momentos especiales, viajes, vacaciones, fines de semana y, a veces, tiempo con los hijos del otro. Y también la forma de ver la vida. Pero, por decisión de ambos, ni la casa ni la economía son comunes», destaca.

Pereira explica que para algunos expertos, este tipo de parejas se acercan al vínculo afectivo ideal, con muchas ventajas y casi ninguna desventaja, aunque para otros no son más que el producto del individualismo moderno que implica un menor grado de compromiso amoroso.

 

Relaciones en línea

Las páginas de internet destinadas a conocer gente y las redes sociales, se han convertido en un método habitual para encontrar a ese alguien especial. Allí se produce una conexión, una afinidad, que para la Pereira es real ya que el hecho de que se produzca a través de una pantalla no la hace menos válida.

 

Puntos fuertes:

– La apertura hacia el otro puede llegar a ser más auténtica, porque es posible conocer el interior de la persona antes que factores como el físico, el dinero o la posición social.

– Resulta más fácil hablar sobre uno mismo, porque no tenemos al otro delante. Al no tener que enfrentar su mirada, sus reacciones y, sobre todo, sus juicios, es más fácil sincerarse.

 

Puntos débiles:

– Es fácil idealizar al otro ya que si esa persona con la que conectamos hace comentarios inteligentes o tiene una foto de perfil atractiva, podemos imaginar que es el hombre o la mujer de nuestra vida sin defecto visible alguno.

– La persona al otro lado del ordenador, puede jugar sus mejores cartas para vender una imagen poco real de sí misma

Sin embargo en opinión de Pereira, una relación online «no es una verdadera relación de pareja o noviazgo, ya que estos requieren una intimidad auténtica, un contacto físico, la presencia del otro».

La psicóloga destaca que es importante comprender que muchos enamoramientos virtuales se deben a la soledad y a la insatisfacción, y que la persona virtual siempre parece encantadora, debido a que solo contacta en las ocasiones que le apetece hablarnos, pero sin compartir las tareas domésticas, las facturas ni otros asuntos engorrosos y aburridos, pero reales de una pareja.

Por último  añade que las probabilidades de éxito de estas parejas dependerá de si convierten el contacto virtual en uno real: si existe una buena conexión es una señal alentadora y lo adecuado es citarse con la persona para conocerla más allá de la red, teniendo en cuenta que en la realidad, quizá no resulte tal y como la imaginábamos.

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